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29 octubre 2006

Eisinga Planetarium

El 8 de mayo de 1774 estaba anunciada una conjunción planetaria, esto es que al observarlos desde la Tierra, varios planetas parecerían estar muy cerca unos de otros. Esto que se trata sólo de un efecto óptico, dio pie a que se difundiera el bulo de que estos planetas colisionarían expulsando a la Tierra de su órbita.


Eise Eisinga, un cardador de lana que vivía en la pequeña ciudad de Franeker (Países Bajos), sabía que esa catástrofe no se produciría, pues aunque pareciera que los planetas estaban muy cerca, realmente no había peligro de colisión al no apartarse ninguno de su órbita. Para explicarlo a sus vecinos decidió construir un modelo que reprodujera el movimiento de los planetas entonces conocidos.


La tarea le empleó sus ratos libres desde 1774 hasta 1781, para cuando estuvo terminado la conjunción había pasado y la vida seguía igual. Afortunadamente su trabajo no se perdió, y todavía hoy podemos disfrutar de su trabajo cuando visitamos Franeker.


El modelo de las órbitas planetarias lo construyó en el techo del salón de su casa, cada planeta representado emplea en recorrer su órbita el mismo tiempo que el planeta real. Además de las órbitas varios relojes indican cuando se producirán eclipses, la fecha actual, la fase de la Luna, la hora a la que sale el Sol, a la que se oculta, etc.


Todo ello impulsado por un mecanismo diseñado y construido por el propio Eisinga con engranajes de madera y regulado por un reloj de péndulo. Hay que destacar la precisión con la que Eisinga conocía el movimiento de los planetas, su habilidad para diseñar el mecanismo que reproduce el movimiento y su dedicación para construirlo y mantenerlo. Alguno de sus hijos continuó con la labor su muerte gracias a la abundante documentación que dejó.


Junto al planetario se exhibe una colección de instrumentos astronómicos antiguos, unos murales sobre los planetas del Sistema Solar, algunas maquetas de sondas espaciales, un audiovisual sobre la historia del planetario y una tiendecita con postales, libros, vídeos y baratijas.


Después de la visita merece la pena para en la cafetería que hay junto al museo a tomarse un capuchino con tarta de manzana casera. El casco antiguo de la ciudad es limpio, cuidado y coquetón y con gran cantidad de comercios. A Franeker se llega en tren desde Amsterdam en 2 horas y 45 minutos.


Fotos del planetario

Güeb oficial del planetario

Güeb extraoficial del planetario

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